¿Comprarias placas solares en cuya fabricación vulneran derechos humanos?

    Sabemos que una de las razones por las que interesa la energía solar, además del ahorro, es el menor impacto que tiene sobre el medioambiente. Pero ¿comprarías placas solares si supieras que se han vulnerado derechos humanos en su fabricación?

    China y más concretamente la región de Xinjiang, se ha convertido en las últimas décadas en un importante centro de producción para muchas de las empresas que suministran al mundo las piezas necesarias para construir paneles solares. Algo que se ha visto patente durante la pandemia del COVID-19, en relación al colapso de los puertos, el aumento del precio de las materias primas y la posibilidad de que aumente el precio de las placas solares.

    Ahora, Xinjiang vuelve a estar de actualidad por la emisión de un informe independiente que sugiere que gran parte del trabajo de las empresas suministradoras de materiales primarios para fotovoltaica, podría depender de la explotación de la población uigur de la región y de otras minorías étnicas y religiosas.

    La dependencia del mercado fotovoltaico de la producción de las fábricas chinas podría contaminar una parte significativa de la cadena de suministro global de esta fuente de energía renovable fundamental para combatir la crisis climática.

    Salta la liebre

    No habíamos llegado a mediados del mes de mayo, cuando la CNN Business adelantaba la publicación del informe titulado «A plena luz del día: trabajo forzoso uigur y cadenas mundiales de suministro solar». La investigación que dio luz al informe fue realizada por las investigadoras Laura Murphy, profesora de la Universidad Sheffield Hallam, y la analista Nyrola Elimä, que vivió en la región Uigur durante 19 años.

    En ella se evidencia una realidad preocupante tras el análisis de más de 30 empresas de productos solares: los componentes para la energía limpia pueden estar creándose con carbón sucio y trabajo forzoso.

    Cierto es que durante los últimos cuatro años, el gobierno chino se ha enfrentado a numerosas acusaciones en relación a los centros de internamiento fortificados en Xinjiang. Los gobiernos occidentales y las organizaciones de derechos humanos han alegado que las minorías de la región han sido sometidas a abusos físicos, intentos de adoctrinamiento y trabajos forzados. Muchas industrias, incluidas la tecnológica, se han enfrentado a reclamos que sostienen que sus cadenas de suministro están comprometidas.

    Concretamente, las empresas que se han visto comprometidas en el sector fotovoltaico, han sido las que trabajan en el polisicilio (componente clave para la fabricación de paneles solares) y en la extracción y procesamiento de cuarzo (materia prima donde comienza la cadena de suministro de paneles solares).

    Los centros de internamiento

    Programas de “mano de obra excedente” es como el gobierno chino ha denominado los procesos de reubicación de trabajadores de pueblos rurales y granjas de Xinjiang, en centros industriales de la región y de todo el país.

    Según el gobierno, estos programas son necesarios tanto para aliviar la pobreza, como para reprimir el extremismo religioso. Una respuesta que no deja de tener un carácter racista que oculta, según las investigadoras, “una verdad más oscura”. Murphy, una de las autoras, afirma que:

    «La premisa básica de estos programas de alivio de la pobreza es que los uigures no pueden salir de la pobreza por sí mismos, o que quieren empobrecerse porque han sido programados ideológicamente para creer que es mejor».

    Laura Murphy, profesora de derechos humanos y esclavitud contemporánea en el Centro Helena Kennedy para la Justicia Internacional de la Universidad Sheffield Hallam, y coautora del informe.

    El investigador Adrian Zenz, habla directamente de campañas de reeducación política sin precedentes:  

    “(…) miles de uigures y otros musulmanes han sido y están detenidos en instalaciones clandestinas de reeducación política, con importantes implicaciones para la sociedad, las economías locales y las relaciones étnicas”.

    Adrian Zenz, European School of Culture and Theology de Korntal (Alemania).

    Murphy y Elimä afirman que las personas de las pequeñas aldeas uigures se ven obligadas a desplazarse cientos o miles de millas para realizar un intenso trabajo manual en los centros industriales. Después de ser reubicados en lugares de trabajo, las parejas adultas a veces se alojan en literas similares a dormitorios con otros trabajadores. Para realizar estas afirmaciones, el informe se basa en artículos de los medios estatales sobre programas de trabajo excedente. En palabras de Elimä, otra de las investigadoras:

    “Esta no era su forma de vida antes (…) Tenemos nuestra casa, nuestro jardín, vivimos con nuestros padres o nuestra hermana… y ahora, de repente, alguien vive en una ciudad, sus padres viven en un asilo de ancianos, los niños en un orfanato separado. ¿Qué está pasando aquí?”.

    Nyrola Elimä, analista de la cadena de suministro y coautora del informe.

    ¿Y por qué los trabajadores uigures y de otras minorías no dejan estos centros? Según las investigadoras, porque si rechazan o abandonan estas colocaciones laborales podrían ponerse a sí mismos y a sus familias en riesgo de ser detenidos en un campo de internamiento. Toda esta situación hace que las minorías afectadas como la uigur, se sientan rehenes en sus propios hogares.

    La postura del gobierno chino

    El gobierno chino ha negado repetidamente todas las acusaciones de abusos a los derechos humanos en Xinjiang. Esto decía el portavoz de Asuntos Exteriores, Hua Chunying:

    “Algunos países occidentales y las fuerzas anti-China hicieron todo lo posible para promocionar el llamado ‘trabajo forzoso’ en la industria algodonera de Xinjiang. Ahora están recurriendo a la industria de la energía solar. El algodón de Xinjiang no tiene manchas y la energía solar es limpia, pero aquellos en Estados Unidos y Occidente que están promocionando el tema, tienen una intención oscura y siniestra (…) Están tratando de fabricar mentiras como el ‘trabajo forzoso’ para crear un ‘desacoplamiento industrial forzado’ y un ‘desempleo forzado’ en Xinjiang, para reprimir a las empresas e industrias chinas para que sirvan a su maliciosa agenda de arruinar Xinjiang y contener a China”.

    Hua Chunying, portavoz de Asuntos Exteriores de la República Popular China.

    Para Beijing, los centros de internamiento mencionados no son más que “centros de formación profesional” donde la gente aprende habilidades laborales, el idioma chino y las leyes.

    Impacto en la cadena de suministro global

    Vulnerar los derechos humanos va en contra de cualquier acuerdo internacional y de la conciencia global que está tomando forma en la actualidad. Y, por ello, es también un determinante del devenir de la empresa en términos legales y económicos.

    Que la imagen de tu empresa se vea salpicada con un escándalo de esta índole no solo afecta a la empresa responsable, sino a toda la cadena de empresas que compran su materia prima para elaborar sus productos.

    Veámoslo con un ejemplo. La empresa Xinjiang Hoshine Silicon Industry es el mayor productor mundial de silicio de grado metalúrgico, un componente creado a partir de cuarzo extraído y triturado que luego se vende a los principales fabricantes de polisilicio.

    En 2017, el gobierno chino reubicó en torno a 5.000 trabajadores rurales en las fábricas de Hoshine. A su vez, el Cuerpo de Producción y Construcción de Xinjiang (XPCC) le dio a la empresa una compensación, según dicen, por la capacitación ofrecida a los “trabajadores rurales excedentes”. Este mismo organismo fue sancionado el año pasado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro de Estados Unidos, “en relación con graves abusos contra los derechos de las minorías étnicas” en Xinjiang.

    Por su parte, el Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI), que ha investigado presuntos abusos contra las minorías en Xinjiang, señaló dos instalaciones que han sido identificadas como centros de detención para la “reeducación” de los uigures en el Parque Industrial Shanshan Stone, muy próximos a la fábrica de Hoshine. A pesar de que no han podido saber con certeza si los trabajadores de la fábrica de Hoshine en el parque provienen directamente de estos centros de detención, la sospecha está sobre la mesa.

    Si tenemos en cuenta que Hoshine es uno de los principales proveedores de materias primas de la zona, los componentes supuestamente fabricados con trabajo forzoso en las instalaciones de la empresa, llegarían a los productos vendidos por muchas otras empresas solares.

    Uno de esos clientes de Hoshine es Daqo New Energy Corporation, una empresa que cotiza en bolsa y fue el tercer fabricante de polisilicio más grande del mundo en 2020, según Bernreuter Research. Alrededor de un tercio de las materias primas de Daqo provienen de Hoshine, y el 100% de su capacidad de polisilicio se produce en Xinjiang. Esta empresa afirma no participar en programas de transferencia de mano de obra patrocinados por el estado y que solo 18 de los 2.021 empleados en sus instalaciones de Xinjiang son de minorías étnicas. También dice haber enviado una declaración formal a sus proveedores en la región de Xinjiang, en la que declaran claramente su postura de tolerancia cero contra el trabajo forzoso, el trabajo infantil, la discriminación, el acoso sexual y el trato injusto y desigual de los empleados.

    Sin embargo, al vincularse a Hoshine a través de la compra de materias primas, Dago se ve afectada por la “contaminación” de la cadena de suministros. Algo que no solo afecta a Dago, sino también a los cuatro principales productores mundiales de paneles solares que le compran polisilicio: LONGi Green Energy Technology de China, JinkoSolar Holding, Trina Solar y JA Solar, entre otras empresas.

    Esto obliga a productores como JinkoSolar, que produce el 42% de sus lingotes y obleas en sus instalaciones de Xinjiang, a implementar medidas para auditar y revisar su cadena de suministro “de manera continua” y a tener «una política de tolerancia cero para el trabajo forzoso», como señala Ian McCaleb, portavoz de JinkoSolar US.

    Este efecto dominó prosigue con la compañía de energía renovable sPower, que figura como propietaria de varias de las granjas solares que utilizan paneles de JinkoSolar. Esta empresa también tuvo que reiterar que los protocolos de calificación y trazabilidad de proveedores implementados por JinkoSolar ayudan a garantizar que ningún producto que sPower compra se vea comprometido por el trabajo forzoso en la cadena de suministros.

    “Estamos comprometidos a trabajar con fabricantes de módulos solares que se alineen con nuestros principios y estándares éticos, particularmente en lo que respecta a los derechos humanos”.

    AES Corporation, propietaria de sPower, en un comunicado a CNN Business.

    La contaminación de la cadena de suministros no termina en las empresas que tienen instalaciones en Xinjiang. También influye en aquellas que, sin vincularse directamente a esta región, como LONGi y JA Solar, se ven afectadas por obtener polisilicio de Daqo.

    La respuesta internacional

    El objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (en el caso de España, un 55% por debajo de los niveles de 1990 para el 2030) con base en fuentes de energías renovables como la solar, ha aumentado considerablemente la necesidad de componentes fotovoltaicos.

    Este aumento acelerado de la demanda de energía solar, aumenta también los riesgos para garantizar que la cadena de suministro de la industria no implique trabajo forzoso.

    La respuesta internacional ante esta denuncia sobre vulneración de derechos ha tenido diferentes frentes. Países como Estados Unidos plantean posibles sanciones contra China, así como promulgan legislaciones que prohíban productos de Xinjiang, salvo que la empresa que los importa pueda probar que no fueron hechos con trabajo forzoso.

    El grupo de comercio Solar Energy Industries Association (SEIA) ha instado a las empresas solares estadounidenses a evitar el abastecimiento de componentes de Xinjiang, aportando un Protocolo de trazabilidad de la cadena de suministro solar:

    “La única forma de abordar ese riesgo es demostrar que no hay trabajo forzoso, pero se necesita una auditoría de un tercero independiente para hacerlo, lo que no se puede hacer en la región”.

    John Smirnow, vicepresidente de estrategia de mercado de Solar Energy Industries Association.

    Este llamamiento ha sido apoyado por casi 250 empresas solares, incluidas las divisiones estadounidenses de JinkoSolar, JA Solar, LONGi Solar Technology, Trina Solar y sPower. Sin embargo, JinkoSolar, por ejemplo, todavía opera una fábrica en la región y obtiene polisilicio de Daqo.

    Por su parte, ya en septiembre de 2018, la organización Human Rights Watch denunciaba la magnitud sin precedentes de las violaciones de los derechos humanos de estas minorías étnicas y religiosas.

    En el informe emitido por esta organización se presentan nuevas evidencias de la detención masiva arbitraria, la tortura y el maltrato de musulmanes turcos en Xinjiang por parte del gobierno chino y detalla los controles sistémicos y cada vez más generalizados sobre la vida cotidiana allí. Hablan de la violación de derechos fundamentales como la libertad de expresión, religión y privacidad, y la protección contra la tortura y los juicios injustos.

    Energía fotovoltaica sí, pero con derechos

    Si, como decíamos, los programas de “transferencia de mano de obra” puede que también proporcionen mano de obra barata a los proveedores de componentes de paneles solares, quiere decir que puede que haya personas y empresas que desean contribuir a un futuro más verde instalando placas solares, pero que, sin saberlo, pueden estar comprando productos que contienen componentes hechos con trabajo forzoso y de electricidad producida al quemar carbón sucio.

    ¿Qué harías tú en este caso? La conciencia social y medioambiental que te puede llevar a apostar por el autoconsumo fotovoltaico puede que también te haga huir de aquellas empresas que no puedan asegurar el cumplimiento de los derechos humanos y laborales, a lo largo del ciclo productivo. Y como tú, muchas otras personas.

    Así, del mismo modo que la energía fotovoltaica es una herramienta para combatir la crisis climática, el cumplimiento con los derechos humanos y laborales es otro de los condicionantes que las personas consumidoras concienciadas tendrán en cuenta a la hora de elegir un producto u otro.

    Pero ¿qué hacer entonces? Puede que la presión social, la de los consumidores, empresas vinculadas y de los propios países, fuercen los cambios a este respecto que necesitan determinadas empresas chinas para alinearse con el respeto a los derechos humanos. O puede que no.

    Actualmente es muy difícil desligarse de la industria solar china. Esta supone entre el 71% y el 97% de la capacidad mundial para producir varios componentes necesarios para fabricar las placas solares. Solo Xinjiang produce casi la mitad del polisilicio de grado solar del mundo, gracias, en parte, a la gran industria del carbón subsidiada por el gobierno, para el proceso de purificación de silicio de grado metalúrgico en polisilicio. Además, la región alberga fábricas de los principales actores de la industria.

    No obstante, los expertos dicen que hay proveedores de componentes de módulos fotovoltaicos fuera de Xinjiang, e incluso fuera de China, que podrían ayudar a satisfacer las necesidades de Estados Unidos y Europa. De hecho, fabricantes de paneles solares como Canadian Solar o Sharp, certifican que se respetan los derechos humanos en todo el ciclo de producción de sus productos.

    Así que, el futuro de la energía limpia y socialmente responsable está asegurado. Los cambios en la sociedad han demostrado su capacidad para impregnar y reformular el modelo económico. Y en esta ocasión, no va a ser diferente.

    En Cambio Energético tenemos claro que nos enmarcamos dentro de la economía social. Por ello, al igual que es fundamental la protección del medioambiente en nuestro compromiso por la promoción del uso de energía limpia, es prioritario el respeto de los derechos laborales y de los derechos humanos a lo largo de todo el proceso de producción de los equipos con los que trabajamos.

    Por eso al igual que buscamos estar actualizados de las novedades y cambios que se dan en el mercado, también somos selectos a la hora de elegir las marcas y fabricantes con los que trabajamos. Y ante las dudas que ofrecen algunos fabricantes, preferimos trabajar con marcas como CANADIAN SOLAR O SHARP SOLAR, que certifican su trazabilidad en su producción.

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