LA ESTÉTICA EN LA ENERGÍA FOTOVOLTAICA

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Desde placas solares de colores a tejas fotovoltaicas o “ventanas solares”. A medida que la energía solar se populariza entre el público, el aspecto estético de las instalaciones fotovoltaicas y su capacidad de integración en la arquitectura de los inmuebles van tomando mayor relevancia como factores de compra. La cuestión que hay que plantearse es si todos estos desarrollos en pro de un diseño más estético pasan la auténtica prueba de fuego de cualquier tecnología fotovoltaica: la eficiencia.

Cuestión de estrategia

El objetivo de producir instalaciones fotovoltaicas cada vez más estéticas e integradas en residencias y edificios ha hecho aparecer un nuevo escenario en el que fabricantes de equipos de todo el mundo están desplegando sus mejores armas. Se trata de una suerte de “batalla por la belleza fotovoltaica” en la que se vislumbran varias estrategias fundamentales. La primera de ellas la ponen en práctica los fabricantes de componentes (baterías, placas solares, etc.) que ponen cada vez más cuidado en el aspecto visual de sus productos: desde baterías que más bien parecen elementos de decoración interior a paneles solares sin marco, multicolores o incluso decorados con imprintaciones digitales. En el caso de las baterías, el diseño no parece estar reñido con la eficiencia. Es más, los nuevos modelos de baterías de litio, además de un diseño mucho más estético, están demostrando un rendimiento mucho mejor que las tradicionales baterías de plomo. No ocurre así con los paneles solares. Al menos por ahora, someter a un panel solar a un proceso de coloreado o de imprintación de cerámica supone restarle eficiencia y añadir un coste adicional. En otras palabras, que se hace realidad el viejo dicho de que “para presumir, hay que sufrir”. Otros fabricantes están optando por una estrategia distinta: la de innovar, no tanto en los componentes sino en la estructura de las instalaciones. Y es que no puede negarse que existe un número de clientes interesados en la energía fotovoltaica pero a quienes no atrae la idea de alterar el aspecto de sus inmuebles cubriendo el tejado con una estructura metálica de gran tamaño que destaca sobre cualquier otro elemento arquitectónico. Para ellos, algunos fabricantes han puesto en el mercado una oferta de instalaciones que se ajustan perfectamente a la medida de cada cubierta particular. Por lo general, estos fabricantes ofrecen una estructura –casi siempre coplanar- de placas solares acompañadas de accesorios “embellecedores” fabricados en distintos materiales. Estos accesorios no son generadores de energía fotovoltaica per se pero contribuyen a integrar la instalación fotovoltaica en la cubierta del inmueble, obteniendo así un alto grado de customización de la instalación. En principio, este tipo de soluciones ofrecen un excelente aspecto visual sin afectar al rendimiento del sistema. Eso sí, el hecho de contar con elementos adicionales para embellecer la instalación unido a la dificultad que implica diseñar e instalar una estructura de tejado específica probablemente supondrá un incremento en la inversión.

La energía fotovoltaica como material de construcción

Finalmente, existe una tercera estrategia en la que nos vamos a detener un poco más y que consiste en usar la tecnología fotovoltaica como material de construcción, ofreciendo componentes arquitectónicos hechos con placas solares. En otras palabras: integración total. Todos conocemos el ejemplo de cubiertas para porche o cocheras hechas con paneles solares, un tipo de desarrollo que está ganando en eficiencia merced a la aparición de tecnologías como los paneles bifaciales . Sin embargo, difícilmente puede hablarse en este caso de material fotovoltaico de construcción, sino más bien de un uso inteligente de la disposición de placas solares convencionales. Un ejemplo que probablemente refleja mejor esta estrategia de utilizar la fotovoltaica como material de construcción es el de las tejas solares, que entraron con fuerza en el mercado fotovoltaico hace algunos años. Podría decirse que las tejas solares son placas solares en miniatura, dado que funcionan como cualquier panel solar y, de hecho, van conectadas al inversor de la misma manera. La composición básica de una teja solar consiste en un raíl de aluminio, la pieza de teja y finalmente la célula fotovoltaica, que puede llevar o no una cobertura de protección. El material de las tejas es el ASA (acrilonitrilo estireno acrilato, muy utilizado en la industria naval) lo que las dota de una excelente resistencia al mal tiempo, a los cambios de temperatura y a otras amenazas como el salitre marino propio de los edificios cercanos a la costa. Lo mejor: la estética. Las tejas ofrecen una excelente capacidad de integración en todo tipo de tejado, sobre el que pasan virtualmente inadvertidas. Tienen, además, una excelente durabilidad, especialmente si cuentan con cobertura de protección. Lo peor: la limitación más importante de la teja solar es la baja eficiencia que ofrece. Mientras que solo se necesita un pequeño string de 3 o 4 paneles solares para producir 1kW de energía solar, se necesitan entre 9 y 11m2 de teja fotovoltaica –dependiendo de si cuentan o no con cobertura- para generar la misma energía. El resultado es buena integración y buena estética pero un precio más caro en comparación con las placas solares convencionales y menor eficiencia que éstas. Le toca al consumidor decidir.

Ventanas solares

Junto a las tejas solares, otro material de construcción ya en el mercado y con un gran potencial estético y de integración en todo tipo de estructuras arquitectónicas es el vidrio solar o, como gustan de llamarlo algunos fabricantes, la “ventana solar”. Vaya por delante que, si bien ya es posible hoy en día adquirir en el mercado vidrio con capacidad de generar energía solar –siendo una de las empresas mundiales más punteras, precisamente, la española Onyx Solar- se trata de un desarrollo que aún cuenta con un número de limitaciones y, por tanto, merece ser recibido con reservas. Lo mejor: entre las cualidades del vidrio fotovoltaico que lo hacen un producto potencialmente muy interesante destaca una… ¡que es vidrio! Las posibilidades de un producto hecho de materia translúcida y con capacidad de generar energía fotovoltaica hacen volar la imaginación: dispositivos electrónicos que se cargan al sol, vehículos eléctricos que se cargan a través de sus lunas… y, por supuesto, ventanas. El vidrio fotovoltaico es, además, un producto resistente. Cada módulo está construido con capas de vidrio laminado de seguridad que encapsulan una capa delgada de células solares de silicio amorfo, que es lo que le proporciona propiedades fotovoltaicas. Las pruebas de ciclo de temperatura, humedad o carga mecánica realizadas hasta ahora arrojan buenos resultados, como también los arrojan su capacidad de bloquear de manera eficiente la transferencia de calor y de filtrar la radiación UV, ayudando así a prevenir el sobrecalentamiento en el interior de los edificios. Si a estas ventajas le añadimos otras características, como que existe una gama completa de colores para los módulos o que es un material que puede cortarse en obra para ajustarlo a cualquier superficie, el resultado es un producto de gran potencial e innegable estética. Lo peor: como ocurría con las tejas solares, la limitación más importante del vidrio fotovoltaico reside en la escasa eficiencia de sus módulos. Aunque existen variaciones dependiendo del color del vidrio y de si éste es opaco, translúcido o semi-transparente, los paneles de vidrio fotovoltaico difícilmente ofrecen potencias pico de más de 50W (cristal opaco) o 30W (translúcido) por m2. Se trata de unas cifras significativamente inferiores a las que ofrece un panel solar estándar con base de silicio.

Como consecuencia de lo anterior, las aplicaciones de los módulos de vidrio fotovoltaico se reducen, dado que es necesario literalmente “envolver” el edificio con módulos para obtener una potencia fotovoltaica considerable. No en vano, la mayoría de los proyectos llevados a cabo con esta tecnología hasta ahora suelen limitarse a edificios de oficinas o proyectos encargados por empresas y corporaciones con un interés específico por proyectar una imagen de marca innovadora y un presupuesto holgado que permite priorizar estética sobre eficiencia. Es precisamente al hablar de presupuesto donde aparece otra limitación importante del vidrio fotovoltaico: su precio, significativamente más elevado que el de las instalaciones fotovoltaicas de paneles solares opacos.

La cuestión entonces es: ¿estética o ahorro energético?

Lamentablemente, sí. A día de hoy, el consumidor está obligado a elegir. A ver, no hay duda de que todos los desarrollos en pro de la estética y la integración que hemos visto son relevantes para el consumidor y están cambiando ya la manera de plantear las instalaciones solares. Es más, están empezando a vislumbrarse avances mucho más revolucionarios si cabe, como la producción de materiales fotovoltaicos hechos a base de materiales orgánicos, cuyas aplicaciones prácticas y estéticas son potencialmente increíbles. Merece, pues, la pena estar atentos a todos estos desarrollos porque es más que probable que se impongan en el futuro.

Sin embargo, no debemos olvidar que, más que cualquier otra cosa, la decisión de instalar energía solar es, en la mayoría de los casos, una decisión sobre sostenibilidad y eficiencia energética y ahí, de momento, la mayoría de los productos más estéticos no están dando la talla. Con esto en mente, parece claro que cubrir la cubierta de una residencia, un edificio o una nave con una buena instalación de placas solares bien diseñada sigue siendo la mejor opción en términos de coste-beneficio. A medida que el mercado de la energía fotovoltaica sigue introduciendo novedades, aumentan las razones para que los consumidores nos planteemos con seriedad la transición a la energía solar fotovoltaica. Si estás pensando en dar el paso y necesitas ayuda, contacta con Cambio Energético y te asesoraremos sin compromiso sobre los beneficios de este modelo energético y sobre cómo hacer la transición al mismo de forma ordenada, sencilla y al mínimo coste.

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